Teoría Copernicana

La teoría aristotélica y católica de que la Tierra era el centro del Universo, chocaba con diversas observaciones referentes al movimiento de los planetas.

Copérnico

Copérnico comprendió que las observaciones de los hechos reales se explicaban fácilmente con la teoría de que la Tierra y los planetas giran alrededor del Sol, tal como afirmó en la antigüedad Aristarco de Samos. Venus y Mercurio se ven cerca del Sol porque en realidad se hallan más cerca del Sol.

Los planetas dan en ocasiones la sensación de moverse hacia atrás porque a veces la Tierra los adelanta en su interminable dar vueltas alrededor del Sol. Cuando un planeta se mueve más deprisa que la Tierra, como Mercurio, que recorre una órbita más corta, puede dar la impresión de moverse hacia atrás porque da varias vueltas alrededor del Sol durante el año terrestre. Eso hace que se tenga la impresión de que cambia de dirección repetidas veces cuando adelanta a la Tierra y luego se aleja de ella. En realidad lleva en todo momento la misma dirección. Todo esto resultó evidente para Copérnico, pero se lo calló por prudencia. En tiempos de la Inquisición, no estaba el horno para bollos.

Nicolás Copérnico

Poco después, Galileo Galilei, inspirado en alguno de los escritos de Copérnico, también empezó a sacar sus conclusiones.

Galileo fue el primero que acertó en extraer de un rudimentario telescopio, recién inventado, un provecho científico decisivo.

En efecto, entre diciembre de 1609 y enero de 1610, realizó con su telescopio las primeras observaciones de la Luna, interpretando lo que veía como prueba de la existencia en nuestro satélite de montañas y cráteres que demostraban su común naturaleza con la Tierra.


El descubrimiento de cuatro satélites de Júpiter contradecía el principio de que la Tierra tuviera que ser el centro de todos los movimientos que se produjeran en el cielo.

Galileo
Galileo Galilei

 

En cuanto al hecho de que Venus presentara fases semejantes a las lunares, que Galileo observó a finales de 1610, le pareció que aportaba una confirmación empírica al sistema heliocéntrico, ya que el modelo de Copérnico, y no el de Ptolomeo, estaba en condiciones de proporcionar una explicación a este fenómeno.

Estos trascendentales descubrimientos eran la estocada definitiva para echar por tierra las teorías cosmológicas de Ptolomeo y Aristóteles. Ansioso por darlos a conocer, Galileo redactó a toda prisa un breve texto que se publicó en marzo de 1610 y que no tardó en hacerlo famoso en toda Europa: el “Mensajero de los astros”,  título que le valió la acerba critica de muchos que le reprocharon la arrogancia de atribuirse la condición de embajador celestial.

Kepler
Johannes Kepler dedicó la mayor parte de su vida al intento de comprender las leyes del movimiento planetario. En un principio, consideró que el movimiento de los planetas debía cumplir las leyes pitagóricas de la armonía o la música de las esferas celestes.
Intentó demostrar que las distancias de los planetas al Sol venían dadas por 6 esferas anidadas sucesivamente unas en el interior de otras. En estas esferas estarían: Mercurio, Venus, Tierra, Marte, Júpiter y Saturno.
Johannes Kepler

Inicialmente Kepler intentó elaborar su modelo planetario con la circunferencia, por ser la más perfecta de las trayectorias, pero los datos reales observados no encajaban correctamente en las órbitas circulares que él postulaba.
A la vista de los datos, especialmente de los relativos al movimiento retrógrado de Marte, Kepler se dio cuenta de que el movimiento de los planetas no podía ser explicado por su modelo.
Incapaz de aceptar que Dios no hubiera dispuesto que los planetas describieran figuras geométricas simples, se dedicó con tesón ilimitado a probar con toda suerte de combinaciones de círculos. Cuando se convenció de la imposibilidad de lograrlo con círculos, usó óvalos.
Contrariado, ya que no lograba dilucidar una pertinaz diferencia de ocho minutos de arco entre su modelo teórico y los datos reales, Kepler comprendió que debía abandonar la circunferencia. Esto implicaba abandonar, muy a su pesar, la idea de un "mundo perfecto".

En 1600, Kepler aceptó la propuesta de colaboración del astrónomo imperial Tycho Brahe, el cual a la sazón había montado el mejor centro de observación astronómica de esa época.
Tycho Brahe disponía entonces de los mejores datos de observaciones planetarias, mucho más precisos que los manejados por Copérnico y por Kepler.

Tycho Brahe
Tycho Brahe

Gracias a esos datos, los más precisos y abundantes de la época, Kepler pudo ir deduciendo las órbitas reales planetarias.
Afortunadamente, Tycho se había centrado en Marte, el cual tiene una elíptica muy acusada; de otra manera le hubiera sido muy difícil a Kepler darse cuenta de que las órbitas de los planetas eran elípticas y no circulares.
Finalmente Kepler descubrió que el modelo basado en elipses encajaba perfectamente con las mediciones suyas y con las de Tycho.

Después de este descubrimiento, Kepler enunció lo que ahora llamamos la primera ley de Kepler: “Los planetas describen movimientos elípticos alrededor del Sol, estando éste situado en uno de los focos de la elipse”.
órbita planetaria
Después de ese importante salto mental, en donde por primera vez los hechos se anteponían a los deseos y a los prejuicios existentes, Kepler se dedicó simplemente a observar los datos y a sacar conclusiones ya sin ninguna idea preconcebida.
Comprobó la velocidad de los planetas en su recorrido orbital y denunció la segunda ley de Kepler: “Los planetas, en su recorrido por la elipse, barren áreas iguales en el mismo tiempo”.
Órbita planetaria
Durante mucho tiempo, Kepler pudo confirmar estas dos leyes en los planetas conocidos en esa época. Fue un logro espectacular; pero faltaba relacionar las trayectorias de los planetas entre sí. Tras varios años de observaciones y trabajo, descubrió la tercera e importantísima ley del movimiento planetario: “El cuadrado de los períodos de los planetas es proporcional al cubo de su distancia media al Sol”. Esta ley, llamada también ley armónica, junto con las otras leyes ya permitía comprender y predecir todos los movimientos de los planetas.
Órbita planetaria

Estas tres leyes asombraron al mundo ilustrado y convirtieron a Kepler en el astrónomo más célebre de su época. Pero no hay que olvidar a los otros tres gigantes de la astronomía: Copérnico, Galileo y Tycho Brahe. No se puede olvidar que para las observaciones disponían de instrumentos absolutamente elementales; y para los cálculos, tenían solamente papel y lápiz.

ENLACES DE INTERÉS

LO QUE DICE WIKIPEDIA ACERCA DEL HELIOCENTRISMO

HIPÓTESIS FUNDAMENTALES DE LA TEORÍA COPERNICANA